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16 Enero 2026
El cobre ha vuelto a romper récords históricos y se ubica en torno a US$ 6 la libra, lo que constituye una buena noticia para la economía chilena.
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El cobre ha vuelto a romper récords históricos y se ubica en torno a US$ 6 la libra, lo que constituye una buena noticia para la economía chilena. Este nivel contrasta con la estimación cercana a
US$ 4,4 por libra que proyectaba el Comité Consultivo del Precio del Cobre convocado por Dipres, tanto para 2026 como para el largo plazo. La pregunta es si estamos frente a un cambio de régimen y cuáles serían sus implicancias para Chile.
Una forma de abordar este fenómeno es separar los distintos factores que están detrás: algunos de corto plazo y reversibles, otros de carácter más estructural.
En el corto plazo, destaca un premio por la acumulación de inventarios en Estados Unidos. La expectativa de eventuales aranceles al cobre, cuya definición se ha postergado a junio, ha incentivado el acopio de metal en ese mercado, tensionando la disponibilidad en otros y generando un premio por escasez que empuja los precios al alza. Por construcción, este factor es transitorio: una vez despejada la decisión arancelaria, el incentivo a estoquearse debiese moderarse, generando una corrección parcial.
En paralelo, la oferta minera sigue mostrando fragilidad. Las disrupciones operacionales han sido relevantes a nivel local y global, limitando el crecimiento de la producción. Una parte importante del aumento del precio parece explicarse por este factor y podría corregirse gradualmente.
Por el lado de la demanda, los factores parecen más persistentes. A la demanda tradicional se han sumado con fuerza nuevos usos ligados a la transición energética y, más recientemente, la expansión de data centers asociados a IA. Estas fuentes ya representan una fracción relevante del consumo global y seguirán creciendo en los próximos años. No se trata de un proceso lineal, pero sí de mayor demanda estructural en un contexto donde la entrada de nuevos proyectos mineros es más lenta.
A lo anterior se agregan factores geopolíticos y financieros. El mayor gasto en defensa y la preocupación por el aseguramiento de insumos estratégicos elevan la demanda estructural, mientras que la debilidad del dólar y los riesgos fiscales e inflacionarios globales han reforzado la demanda por metales como activos de cobertura.
Con todo, el escenario más plausible combina niveles elevados en el corto plazo, seguidos de una corrección parcial hacia rangos más cercanos a US$5–5,5 la libra, a medida que se disipen los factores transitorios. Aun así, estos valores representan un nivel más alto que el que se anticipaba hace un año.
Para Chile, este escenario es positivo. Bajo la regla fiscal, los ingresos tributarios de 2026 asociados al precio del cobre no podrían destinarse a mayor gasto ese año, pero sí permitirían reducir emisiones de deuda o fortalecer el ahorro soberano. Si los niveles altos se consolidan y el precio de referencia de largo plazo se ajusta al alza, parte de esos ingresos pasaría a ser estructural, habilitando mayor gasto permanente o reduciendo la necesidad de ajustes fiscales. Ese espacio fiscal tendría efectos directos sobre la actividad. En términos de magnitud, un aumento del precio estructural desde US$4,4 a niveles cercanos a US$5 podría implicar cerca de un punto adicional del PIB, apoyando un crecimiento por sobre el 3%.
Publicado en Diario Financiero.
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