17 de junio de 2019

Viviendo con tasas bajas

¿Qué implica vivir en un mundo de tasas bajas? El efecto más obvio es que el retorno de una serie de activos será acotado.

Escrito por:

Claudio Soto

Economista jefe Banco Santander.

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En su última RPM, el Banco Central sorprendió al reducir su Tasa de Política Monetaria en 50 puntos base, magnitud no vista desde la última crisis financiera. En los días siguientes, el mercado apuntó a bajas adicionales y varios consejeros abrieron la puerta a introducir un nuevo estímulo si la economía pierde dinamismo. Lo que llama la atención en el movimiento es que se ha producido en toda la curva, con caídas muy sustantivas en las tasas de largo plazo. Así, por ejemplo, el BCP10 se transa en algo por debajo de 3,5%, mientras que el BCU20 se ubica bajo el 1%. 

La caída en las tasas largas va más allá de las perspectivas para el ajuste cíclico de la política monetaria, y más bien apuntaría a condiciones financieras internacionales más laxas, a un menor apetito por riesgo y a la visión de un crecimiento de largo plazo quizás algo más lento. Esto último, por cuanto reflejan de alguna manera la rentabilidad esperada del capital, que a su vez está asociada al crecimiento de la economía. Paradojalmente, este fenómeno se da luego de que el instituto emisor revisara al alza su estimación de crecimiento tendencial de la economía. 

Si se observa lo que ha pasado a nivel global en las últimas décadas, no es de extrañarse lo sucedido con las tasas largas. En general, se ha producido un descenso secular en los tipos de interés que ya se arrastra por varias décadas. A mediados de los ‘80 en Estados Unidos, las tasas nominales a 10 años se ubicaban en torno a 8%, mientras que ahora oscilan entre 2% y 3%. En Europa y Japón no son la excepción y también enfrentan escenarios similares. Detrás de este fenómeno hay una serie de factores, como el envejecimiento de la población, la integración de China –un país con una elevada propensión al ahorro- a la economía mundial y un descenso en la productividad.

¿Qué implica vivir en un mundo de tasas bajas? El efecto más obvio es que el retorno de una serie de activos será acotado. Esto tiene consecuencias directas sobre los fondos de pensiones menos riesgosos -lo que pondrá presiones adicionales para la reforma del sistema-, los activos que manejan las compañías de seguro y algunos vehículos financieros.

Por otro lado, menores retornos podrían llevar a una mayor toma de riesgo por parte de diversos agentes.  Esta ha sido una preocupación para varios bancos centrales en el mundo, sobre todo después de la crisis financiera. Con todo, esta situación no se evita con políticas monetarias menos expansivas, por cuanto refleja fenómenos estructurales más que las condiciones cíclicas de la economía. Así las cosas, en el caso de Chile, esta situación reafirma la necesidad de hacer cambios que permitan recuperar de manera efectiva una mayor capacidad de crecimiento. El fenómeno migratorio sin duda contribuirá, tal como lo ha destacado el instituto emisor en su último Informe de Política Monetaria, sin embargo, también se requiere elevar la productividad. Ahí está la clave para un crecimiento de largo plazo más vigoroso. Puede que parte de la caída reciente de las tasas largas obedezca a una sobrerreacción de corto plazo, que podría revertirse, pero la necesidad de implementar reformas que apuntalen el crecimiento sigue presente.