17 de junio de 2019

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De producirse un mayor deterioro del escenario externo, un aumento de la aversión al riesgo en los mercados globales y una disminución en los precios de las materias primas, habría un impacto en la economía local que demandaría un estímulo monetario adicional.

Escrito por:

Gabriel Cestau

Economista senior Banco Santander

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Gran parte del crecimiento de este año ya está jugado, con lo que es probable que la expansión no supere el 3%. Esto se explica en algunos fenómenos puntuales que incidieron en los sectores de oferta en la primera parte del año y en el deterioro del escenario externo debido a la guerra comercial y a las tensiones políticas en Europa. Lo anterior se ha traducido en una disminución del comercio a nivel global, menores términos de intercambio y una pérdida de dinamismo de los socios de Chile, en particular, de los países de la región.

En medio de esta coyuntura, el Banco Central sorprendió al recortar en 50 puntos base la Tasa de Política Monetaria. Su presidente calificó esta decisión como excepcional ante circunstancias excepcionales. El instituto emisor señaló que el impulso monetario era menor al calibrado previamente como consecuencia del abrupto aumento de la fuerza de trabajo –explicado por el fenómeno migratorio–, que la brecha entre el PIB potencial y el efectivo se había ampliado, que la medición de inflación que surge de una canasta de consumo más actualizada está entregando valores más bajos, y que la tasa de interés neutral en las actuales condiciones es inferior a la anteriormente estimada.

Sin desconocer que esta reducción en la TPM procura lograr la convergencia de la inflación a la meta en el horizonte de política monetaria –cuyo registro se estima que se ubicaría por debajo de 3% por cuarto año–, se puede inferir que esta acción más bien está fundamentada en una recalibración de modelos que para hacerse cargo del debilitamiento de la economía. Por esto, el sesgo que se le asigna a la actividad local está inclinado a la baja.

Los riesgos están determinados por tensiones comerciales que podrían acentuarse y a que la desaceleración del comercio mundial lastre aún más las exportaciones. Además, el modesto crecimiento del empleo sugiere que el consumo privado podría tener dificultades para mantener su dinamismo. En definitiva, para lograr recuperar velocidad de crecimiento se requiere una aceleración importante de la actividad en la segunda parte del año, y las condiciones para que ello suceda se presentan desafiantes.

De este modo, de producirse un mayor deterioro del escenario externo, un aumento de la aversión al riesgo en los mercados globales y una disminución en los precios de las materias primas, habría un impacto en la economía local que demandaría un estímulo monetario adicional por parte del Banco Central, con lo que la TPM podría cerrar el año más cerca de 2%.