15 de mayo de 2019

Guerra comercial, ¿qué está en juego?

Hasta ahora la visión mercantilista de Trump y las respuestas de China han puesto en vilo el comercio mundial y con esta nueva escalada es poco probable ver un apretón de manos en el corto plazo. Aunque se logren algunos encuentros en aspectos comerciales, la disputa entre ambas potencias será de largo aliento, ya que lo que está en juego es el liderazgo económico mundial.

Escrito por:

Sindy Olea

Economista Banco Santander

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Tras meses de relativa calma, las negociaciones del conflicto comercial vuelven a peligrar, luego de que, contra todos los pronósticos, el presidente Trump anunciara la concreción del aumento de las tarifas a 25% para 200 mil millones de bienes chinos, medida que entró en vigencia el viernes pasado. China no tardó en responder, y –pese a las amenazas de la administración estadounidense– subió los aranceles para 60 mil millones de bienes americanos, que regirán desde el 1 de junio.

La escalada no terminó ahí. EE.UU. amenazó con tarifas adicionales al resto de bienes chinos si habían represalias, con lo que el conflicto está lejos de terminar.

Para la visión del gobierno estadounidense, la imposición de aranceles ha tenido resultados positivos: el déficit comercial con China ha disminuido, se han creado empleos y la economía continúa robusta. Sin embargo, esta mirada es cortoplacista, porque el resultado neto a largo plazo es claramente negativo. Los mayores precios inducidos por los aranceles aumentan los costos de producción de las empresas y reduce el poder adquisitivo de los hogares, lo que se traduce en una desaceleración del consumo, el empleo y un impacto material en el crecimiento.

Por su parte, la desventaja de China en términos del intercambio de bienes con EE.UU. incentiva a buscar otras medidas de represalias. Una más extrema podría ser la venta de bonos del tesoro norteamericano. El gigante asiático es el mayor tenedor extranjero de tresuries, por lo que una estrategia como ésta estrecharía las condiciones financieras globales. Al mismo tiempo, Beijing ha estimulado su economía con medidas fiscales y monetarias y ha fortalecido la cooperación con otros países, con el objetivo de contrarrestar los efectos de esta disputa.

De cara a las elecciones de 2020, Trump podría tener interés en alcanzar algún tipo de acuerdo, para que el optimismo vuelva a los mercados financieros y se afiancen las confianzas. En este sentido, evitar una mayor desaceleración económica debiera ser un incentivo para ambos gobiernos. El encuentro de los dos mandatarios en la reunión del G20 en Japón a fines de junio podría significar algún punto de encuentro.

Sin embargo, hasta ahora la visión mercantilista de Trump y las respuestas de China han puesto en vilo el comercio mundial y con esta nueva escalada es poco probable ver un apretón de manos en el corto plazo. Aunque se logren algunos encuentros en aspectos comerciales, la disputa entre ambas potencias será de largo aliento, ya que lo que está en juego es el liderazgo económico mundial.

 

Publicado en Pulso.