30 de enero de 2020

El rol del sector externo en 2020

Tras el estallido social, hemos visto una caída en los precios de los activos financieros y una depreciación del tipo de cambio. Más allá de que la evolución de la paridad peso/dólar sirve como termómetro del sentimiento de mercado, es importante recordar que la flotación cambiaria es un activo de la infraestructura macroeconómica de Chile. Una depreciación como la registrada en los últimos meses induce la relocalización de recursos hacia aquellos sectores que, en el nuevo contexto, se vuelven más productivos.

Escrito por:

Fabián Sepúlveda

Economista Banco Santander.

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Tras el estallido social, hemos visto una caída en los precios de los activos financieros y una depreciación del tipo de cambio. Más allá de que la evolución de la paridad peso/dólar sirve como termómetro del sentimiento de mercado, es importante recordar que la flotación cambiaria es un activo de la infraestructura macroeconómica de Chile. Una depreciación como la registrada en los últimos meses induce la relocalización de recursos hacia aquellos sectores que, en el nuevo contexto, se vuelven más productivos.

Los niveles de tipo de cambio real observados desde noviembre se ubican cerca de 10% sobre su promedio histórico y algo similar sobre lo observado previo a las movilizaciones. En este escenario, el sector exportador -que percibe ingresos en dólares y enfrenta costos en pesos- se vuelve más competitivo respecto a los productores de otros países, incentivando su crecimiento. Por otra parte, el mayor valor del dólar induce un cambio de composición en la demanda interna, reduciendo el gasto en bienes importados y aportando dinamismo a los sectores no transables como servicios.

En nuestro escenario base presentado en el informe “Visión 2020: Perspectivas económicas en un año de cambios”, proyectamos que tanto la inversión en capital fijo como la variación de existencias incidirán negativamente en el PIB, mientras que el consumo hará un aporte positivo, aunque acotado. Por esto, el dinamismo del sector externo –impulsado por la depreciación del peso– tendrá un rol preponderante en el crecimiento del año, que estimamos será cercano a 1%.

Las principales exportaciones nacionales –cobre, industria alimentaria, fruta y celulosa– liderarán este efecto. Sin embargo, la coyuntura se convierte también en oportunidad para desarrollar otras áreas con potencial exportador y que generan mayor valor agregado como generación eléctrica, manufacturas e incluso exportación de servicios.

El impacto del sector externo también dependerá de la economía global, la que en nuestro escenario base crecería algo más que en el ejercicio previo. Sin embargo, existen riesgos a la baja. No es descartable que durante el año veamos un deterioro en el conflicto comercial, una recuperación más lenta de lo previsto en Latinoamérica o un menor crecimiento de la economía china, particularmente luego de la aparición del coronavirus. La evolución de estos eventos será clave para nuestro sector exportador y, en definitiva, para nuestra economía.