16 de marzo de 2017

Urgencia por crecer y crear empleo

¿Por qué importa el crecimiento? Si bien un mayor nivel de producto se asocia a bienestar económico, es importante reconocer que el producto ha sido la principal variable que ha determinado la evolución del mercado laboral.

Escrito por:

Felipe Bravo

Economista jefe Banco Santander

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La semana pasada vimos cómo las principales autoridades de la política monetaria y fiscal exhortaban al sector privado a retomar las inversiones y reactivar el crecimiento del país. Sin embargo, éste llamado se encontró de sopetón con la menor confianza de los consumidores, que en lo que va del año ha caído tres puntos y está próxima a cumplir tres años en el terreno pesimista. Lamentablemente, las noticias por el lado de la inversión también hicieron oídos sordos al llamado de las autoridades.

¿Por qué importa el crecimiento? Si bien un mayor nivel de producto se asocia a bienestar económico, es importante reconocer que el producto ha sido la principal variable que ha determinado la evolución del mercado laboral. En efecto, el dinamismo del empleo asalariado
-que se asocia a condiciones más estables para los trabajadores por tener un contrato y prestaciones de seguridad social- muestra una estrecha relación con los niveles de actividad económica. Así lo vimos el año pasado, con una expansión que resultó ser la más baja de toda la década junto a un empleo asalariado que solo creció 0,1%.

En esta dinámica, el menor apoyo del sector público fue clave: mientras en 2014 y 2015 se crearon 45 mil empleos fiscales al año, durante el ejercicio anterior se destruyeron alrededor de 25 mil. Lamentablemente, el sector privado soportó solo en parte dicha destrucción, porque si bien creó más empleo, la mala calidad fue el común denominador.

Para entender mejor el mercado del trabajo, permítanme referirme a las medidas de subempleo que elabora Clapes UC, donde junto a los desocupados también se consideran los llamados “trabajadores subempleados por insuficiencia de horas y por competencias”, que corresponden a personas que trabajan menos de lo que quisieran y que realizan oficios que no son acordes con su nivel de capital humano o preparación, respectivamente. Esta información periódica, habitual en otros países, complementa la del INE y a través de ella podemos saber más sobre el impacto de la subutilización de la fuerza de trabajo.

Un elemento característico de estas métricas es que el crecimiento anual de la tasa de desempleo posee la misma dinámica que la variación de la tasa de subutilización, es decir, nos dicen lo mismo en cuanto al deterioro agregado del mercado del trabajo. Además, nos proporciona valiosos antecedentes para entender lo ocurrido el año pasado, donde la creación de empleo se basó casi exclusivamente en el subempleo. Es decir, los nuevos empleos fueron por menos horas de las deseadas y/o las nuevas posiciones fueron completadas por trabajadores más capacitados.

Por otro lado, a la ya habitual distinción entre trabajadores por cuenta propia y asalariados, no podemos obviar que los primeros ganan $180 mil menos al mes, que tienen menos acceso a la educación superior, y que contribuyen proporcionalmente menos a su previsión. Sin embargo, el elemento que más debiese ocuparnos es que los trabajadores por cuenta propia son más y han aumentado más en el quintil más pobre, mientras en el más rico han disminuido su participación, y esto tanto en hombres como mujeres.

Sin lugar a dudas, el mensaje de celeridad de nuestras autoridades vendrá refrendado por acciones, tales como un mayor estímulo monetario y continuar por la senda de la responsabilidad fiscal. No obstante, no se puede minimizar ni descuidar la preocupación por el empleo asalariado privado, ya que el de fuente pública funciona bajo una lógica fuera del mercado, siendo anticíclico. Por lo mismo, urge reducir las llamadas holguras de capacidad del trabajo subutilizado, y eso solo se hace con más y mejores empleos.

¿Dónde encontraremos estos empleos de buena calidad? Una fuente hasta hace poco impensada está en el sector transable, y en especial el de las exportaciones, porque nuestros socios comerciales deberían seguir demandando más bienes y servicios. Sin embargo, no basta con esperar esta demanda, sino que debemos materializar o al menos prospectar nuevos proyectos de inversión, en las más diversas áreas y a lo largo de todo el país. Sin ellos, difícilmente veremos un empleo dinámico y con mejores salarios que al final apoyará tanto el consumo como el producto.