20 de septiembre de 2017

Política Monetaria post IPoM

La autoridad monetaria no debe esperar que bajos registros inflacionarios contaminen las expectativas, algunas de la cuales ya muestran desviaciones respecto de la meta en el horizonte de política. De ser este el caso, estaría llegando atrasada con su política.

Escrito por:

Claudio Soto

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En su último Informe de Política Monetaria, el Banco Central dio luces sobre el camino que seguiría la tasa rectora, señalando que lo más probable era que la mantendría inalterada durante los próximos meses, para luego iniciar el retiro del estímulo a mediados de 2018. Coherente con lo anterior, en su última reunión de política monetaria el Consejo mantuvo la TPM en 2,5% y en el comunicado reafirmó las señales dadas en el IPoM. Hasta antes del informe, el mercado apostaba por una o dos bajas en los meses venideros. Después del informe, las tasas de interés de corto plazo aumentaron y las encuestas se alinearon con la visión esbozada por el instituto rector.

Para definir el curso, el Central debe sopesar una serie de elementos, tanto tácticos como estratégicos. Además, no solo debe considerar su escenario base, sino que también ponderar los riesgos. El hecho de que la inflación haya estado cuatro meses por debajo del rango de tolerancia y 11 meses bajo la meta, y que la actividad crezca más lento que su potencial, podrían ser señales para un mayor estímulo. Sin embargo, la política monetaria tiene efectos rezagados, como nos repite una y otra vez el Banco Central, por lo que ésta se debe formular mirando hacia delante. Así, lo que estamos viviendo en el ciclo económico refleja más bien las decisiones de política monetaria del pasado y no necesariamente condiciona las acciones futuras.

¿Qué vemos hacia delante? Distintos antecedentes dan cuenta de mayor robustez en el crecimiento, impulsado por un mejor escenario externo y factores locales, entre ellos, la propia política monetaria. El precio del cobre ha subido, las exportaciones retoman dinamismo, la creación de empleos aumenta, las ventas de automóviles crecen con fuerza, la bolsa se incrementa y las importaciones de maquinarias, con vaivenes, se expanden a tasas altas. De continuar en esta senda, las holguras de capacidad se comenzarían a cerrar y con ello se lograría la convergencia de la inflación a la meta en el horizonte de política, sin requerirse un mayor impulso monetario. Esto es lo que nos muestra el último IPoM.

La inquietud que surge es si hay espacio para acelerar el ritmo y converger antes al 3%. Mal que mal, cuando la actividad está bajo su potencial y la inflación bajo la meta, no existe un dilema de política. Además, el Central proyecta que la inflación se encontrará por tiempo prologado debajo de 3%. Dado esto, la única razón para no introducir un impulso adicional es tener que revertirlo de manera rápida en el caso que la inflación amenace acelerarse más allá de lo deseado. Algunos señalan que, de darse esta situación, se introduciría una volatilidad excesiva en la tasas de interés. Cabe entonces preguntarse si eso es más perjudicial que una recuperación más lenta en la actividad y mantener por mucho tiempo la inflación debajo de la meta. No lo creo. Más aún, la mayor variabilidad de la tasa sería para tener un PIB más estable en torno a su potencial. Por otra parte, el Banco Central cuenta con suficiente autonomía como para, llegado el momento, no inhibirse de implementar su estrategia de normalización monetaria.

Por último, están los escenarios de riesgo. Si bien las cifras de actividad son mejores, la recuperación es aún frágil. Por el lado externo hay una serie de factores que amenazan la sólida expansión de las economías desarrolladas. En el plano local, también hay factores que podrían diluir las positivas señales que se comienzan a observar. Y lo más importante: la inflación. El Banco Central ha señalado que, en el corto plazo, los riesgos para la misma son a la baja. En las últimas semanas, el peso se ha fortalecido, impulsado por la debilidad global del dólar y el fuerte aumento del precio del cobre. La apreciación de la moneda ya se reflejó en la inflación de agosto, y es posible que sigamos viendo sus efectos sobre los precios en los próximos meses.

La autoridad monetaria no debe esperar que bajos registros inflacionarios contaminen las expectativas, algunas de la cuales ya muestran desviaciones respecto de la meta en el horizonte de política. De ser este el caso, estaría llegando atrasada con su política.

 

Publicado en Diario Financiero.