30 de octubre de 2017

Educación Financiera: desde la hormiga y la cigarra

En tiempos de propuestas y de pensar en el país que queremos, sería relevante ver de qué forma se integra la educación financiera desde la base del desarrollo de las personas, entendiendo que es clave para ayudarlas a progresar.

Escrito por:

Claudio Melandri

Country Head de Banco Santander Chile

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Paola Linconao fue profesora finalista del Global Teacher Prize de Chile en representación de la Región de la Araucanía, y desde su experiencia cotidiana es testigo de las dificultades que genera el analfabetismo financiero. En el Seminario de Educación Financiera organizado por Banco Santander y el Centro de Políticas Públicas de la Universidad Católica, que me tocó inaugurar hace unos días, la profesora graficaba esta deficiencia con la dificultad de los jóvenes y sus familias para completar el formulario único de situación socioeconómica que se solicita como uno de los requisitos previo a la rendición de la PSU.

Con ese escenario evidenciaba las carencias que tenemos en el país en esta materia y la barrera que representa para muchas personas el no contar con conocimientos básicos para el normal desenvolvimiento. Porque lo que la docente refería da cuenta de un fenómeno transversal: las estadísticas son claras al señalar que dos de cada tres personas son analfabetas financieras. Y esto queda demostrado también en los resultados de la última prueba Pisa, en que casi un 40% de los estudiantes chilenos no alcanzó las competencias mínimas sobre temas básicos para tomar decisiones con conocimiento de causa en asuntos como inversión, ahorro, gasto y endeudamiento.

Pero no es un problema sólo de los jóvenes, sino que también de los adultos de nuestro país que presentan resultados similares. Así, queda en evidencia que la educación financiera debiera ser un tema fundamental cuando se habla de integrar contenidos que aporten a la formación ciudadana y al ejercicio pleno de sus derechos, con particular relevancia en las primeras fases de la escolaridad, pero sin que sea excluyente su importancia en otras etapas de la vida.

Contar con conocimientos en esta materia resulta necesario para decisiones cotidianas como el manejo de un presupuesto, la distribución semanal o mensual del gasto, la comparación de créditos y la planificación de compra de bienes durables o en tiempos de emprendimiento que son cada vez más comunes, seguir la ruta de creación de una empresa, la emisión de facturas, cálculo de stock o pago de impuestos.

Durante el Seminario, el orador principal, el académico y asesor de la Unión Europea, Enrique Castelló, comentó diversas iniciativas que se han impulsado en otros países para superar el analfabetismo financiero, como las tres horas de clases de educación financiera en el currículo de Finlandia y un plan homologable en España. En general, señaló que los países que mostraban cambios favorables en sus indicadores en estas materias aplicaban un triángulo virtuoso entre familia, escuela y sector privado, trabajando juntos por un objetivo común.

En tiempos de propuestas y de pensar en el país que queremos, sería relevante ver de qué forma se integran estas materias desde la base del desarrollo de las personas, entendiendo que son claves para ayudarlas a progresar. Ya lo decía Castelló, la formación financiera puede empezar desde la educación inicial, contando un cuento tan tradicional como el de la hormiga y la cigarra.

Sin duda, resulta relevante considerar esas experiencias para asumir una tarea que debemos tomarla como un desafío nacional, que integre y comprometa a todos los actores. La educación financiera no es exclusivo de la elite, sino que se trata de garantizar el ejercicio pleno de los derechos ciudadanos, evitar el sobreendeudamiento, muchas veces en mercados informales, tomar decisiones informadas y poder disfrutar de lo que se ha logrado con esfuerzo y responsabilidad.

 

Publicado en La Tercera.