24 de agosto de 2017

Dilema de política monetaria

Es esperable que el Banco Central considere seriamente darse el espacio para introducir prontamente algo más de impulso monetario, aun a costa de tener que retirarlo en algún tiempo si las holguras de capacidad se cerrarán rápidamente y comenzaran a presionar los precios al alza.

Escrito por:

Gabriel Cestau

Economista senior Banco Santander

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Hace más de 50 años, Peter Drucker popularizó el concepto “administración por objetivos”, a partir del cual los miembros de una organización alinean metas y acciones a un propósito compartido. El concepto ha permeado la sociedad, hasta convertirse en una práctica en la mayoría de las instituciones. De hecho, el Banco Central tiene el objetivo de velar por la estabilidad de la moneda, fijando una meta de inflación en 3%. Gracias a su gestión, las expectativas se han mantenido ancladas la mayor parte del tiempo.

Sin embargo, en el escenario actual comienzan a existir riesgos de que se genere un desvío respecto a la meta. Aunque la Encuesta de Expectativas Económicas todavía tiene en 3% la inflación a dos años, el universo de respuestas se ha ampliado con los meses y el sesgo a la baja se ha ido consolidando. Por su parte, la Encuesta de Operadores Financieros la proyecta por debajo de 3% en 24 meses, con una dispersión que también ha ido en aumento.

Dada la evidencia, se puede afirmar que estamos frente a un escenario donde la probabilidad de un desvío es real. Un dilema de política monetaria que el Banco Central deberá sopesar en su próximo IPoM, analizando los costos y beneficios de reducir la tasa de interés. Esto podría implicar volatilidad de los activos financieros si la inflación se recuperara rápidamente y tuviera que revertir el impulso en algunos meses, frente al beneficio de reducir la incertidumbre respecto de ella, estimular los precios actuales, y dinamizar la economía.

Por otra parte, los riesgos no son simétricos: es más probable que la inflación se ubique por debajo de 3% a que suceda lo contrario, dado que el dólar se ha debilitado a nivel mundial, presionando a la baja al tipo de cambio. En tanto, los últimos datos auguran un precio del petróleo contenido debido a la recuperación de la producción en EE.UU., lo que también debería presionar a la baja la inflación.

Es esperable entonces que el Banco Central considere seriamente darse el espacio para introducir prontamente algo más de impulso monetario, aun a costa de tener que retirarlo en algún tiempo si las holguras de capacidad se cerrarán rápidamente y comenzaran a presionar los precios al alza.

Publicado en Diario Pulso.