13 de abril de 2017

Con viento a favor

Desafortunadamente, por varios años la discusión coyuntural respecto del crecimiento estuvo en torno al 2,0%, y ahora último se ha ajustado a 1,5%, cifras muy por debajo de la capacidad de crecimiento potencial de nuestra economía. Mientras seguimos empantanados en estas pobres cifras, estamos recibiendo un nuevo impulso, nuevos aires que ahora están a nuestro favor, y que es de esperar los sepamos aprovechar para volver a navegar hacia el desarrollo.

Escrito por:

Felipe Bravo

Economista jefe Banco Santander

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La semana pasada conocimos el pobre desempeño de la actividad económica nacional durante febrero. Si bien la caída de 1,3% anual solo es comparable con los ajustes que teníamos en plena crisis de 2009, hubo elementos puntuales -como la huelga en la minería o la base de comparación por ser 2016 un año bisiesto- que ayudaron a que termináramos en números rojos. Ésta y otras malas noticias en la primera parte del año llevaron al Banco Central a plantear un elemento de cautela respecto al ritmo de la actividad durante 2017, aunque no sin una cuota de optimismo para el devenir del próximo año.

Y es que el positivo panorama externo parece ser una realidad. Es más, nuestro mundo relevante luce mejor, traduciéndose en mayores exportaciones. De muestra un botón: los envíos no cobre durante el primer trimestre crecieron 8,6% anual. Por otro lado, el repunte del mercado del cobre, que ha sido mayor a lo esperado tanto en precio como en demanda, augura una recuperación de un sector clave. Es más, de mantenerse esta tendencia, las grandes empresas del rubro podrían reiniciar nuevos proyectos de inversión, la mayoría de ellos hasta ahora paralizados o postergados.

Un escenario más prometedor que también se ha traducido en una mejoría para nuestros vecinos latinoamericanos, quienes han aumentado la demanda por nuestros bienes y servicios. Así, las exportaciones han crecido, en especial las de bienes industriales, con envíos a Brasil y Argentina que se han empinado 29% y 42% anual, respectivamente.

Y la foto que hoy muestra la región con una recuperación que parece más estable que en el pasado, ha sido impulsada también por los gobiernos vecinos que están haciendo reformas complejas, pero necesarias. Esto ha sido reconocido por los inversionistas globales, quienes han estado detrás del notorio repunte de las bolsas locales, que han registrado alzas en lo que va del año de entre 12% y 30% en dólares. Del mismo modo, en el último tiempo las clasificadoras Moody’s y S&P mejoraron el rating soberano de Argentina, y en el caso de Brasil -luego de ocho años- la inflación volvió a estar dentro de la meta.

A nivel local, este impulso externo ya lo hemos sentido, lo que junto con una política monetaria que ha sido y seguirá siendo expansiva por un buen tiempo supone un impulso a la demanda. Pero vamos con calma: no todo es optimismo hacia el futuro, ya que si bien el costo del endeudamiento externo ha evolucionado según lo esperado, debemos estar expectantes de eventuales aumentos en el costo de financiamiento de largo plazo, fruto del mismo proceso de recuperación global. Pese a ser una buena noticia, podría retrasar una recuperación más sostenida de la inversión doméstica.

Ahora, internamente, ¿qué tan probable es que este mejor panorama externo contribuya a una vuelta del optimismo? Resulta difícil saberlo, aunque lo que tenemos claro es que al mirar las encuestas de expectativas, todas están en terreno negativo y con repuntes moderados. Esto, sumado al comportamiento esperado de la inversión y de los servicios relativos que adelantan al ciclo -como los empresariales-, no evidencian una recuperación importante. Sin embargo, a la luz de los precios de los activos, la reactivación llegará incluso antes del ya manoseado cambio en las confianzas. En efecto, la bolsa nos habla de un cambio de ciclo interno, y por lo mismo, no solo debemos apalancarnos en el consumo privado como el elemento doméstico a resaltar, aunque rubros como el automotriz nos siguen sorprendiendo  con alzas acumuladas de 15% durante el primer trimestre del año. En definitiva, después de un mal comienzo de año, ya vislumbramos mejores indicadores, que nos permitirán ir por fin despegando, aunque no al ritmo que desearíamos todos.

Desafortunadamente, por varios años la discusión coyuntural respecto del crecimiento estuvo en torno al 2,0%, y ahora último se ha ajustado a 1,5%, cifras muy por debajo de la capacidad de crecimiento potencial de nuestra economía. Mientras seguimos empantanados en estas pobres cifras, estamos recibiendo un nuevo impulso, nuevos aires que ahora están a nuestro favor, y que es de esperar los sepamos aprovechar para volver a navegar hacia el desarrollo.