5 de octubre de 2017

Cautela ante las buenas señales

Los riesgos de la actividad parecen estar balanceados, pero debemos ser prudentes en las proyecciones del futuro. Tal como no hay que deprimirse por algunos datos malos, tampoco hay que hacer fiesta por un par de buenas noticias.

Escrito por:

Gabriel Cestau

Economista senior Banco Santander

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La sociedad en la que vivimos es una organización compleja, compuesta por muchos niveles, intereses y relaciones. En el aspecto económico han comenzado a llegar buenas noticias que se repiten desde hace ya un tiempo. Así por ejemplo, el crecimiento mundial se muestra más sólido; nuestros vecinos están recuperando dinamismo, particularmente Brasil, mientras que el precio del cobre sube y las bolsas de los mercados emergentes están boyantes. Chile no es la excepción.

A nivel local, los indicadores de actividad muestran signos claros de recuperación: la minería, impulsada justamente por mayores precios del metal rojo, se ha expandido fuertemente, dejando atrás los efectos de la huelga de inicios de año en Escondida; la tasa de desempleo está retrocediendo y se observan mayores niveles de creación de empleo, a la vez que la confianza empresarial acaba de alcanzar un máximo en más de dos años. Todo indica que la economía parece estar levantando cabeza y hacia fines de año el país podría estar creciendo cerca de su tendencia, lo que permitiría comenzar a cerrar las brechas de capacidad durante el próximo ejercicio.

Sin embargo, conjugados con estos signos de mayor fortaleza, todavía hay algunos indicios de fragilidad. Por ejemplo, la inversión mostraría este año la cuarta contracción consecutiva, y no sería sino hasta 2018 que se cortaría esta racha. De hecho, las cifras del catastro de la Corporación de Bienes de Capital aún no muestran signos de reversión en el proceso de ajuste de varios sectores. Por otra parte, si bien pareciera que el consumo cobra brío, la sustentabilidad de su dinamismo requiere que se consolide el proceso de gradual mejora en el mercado laboral.

Así las cosas, los riesgos de la actividad parecen estar balanceados, pero debemos ser prudentes en las proyecciones del futuro. Tal como no hay que deprimirse por algunos datos malos, tampoco hay que hacer fiesta por un par de buenas noticias. En la toma de decisiones es importante ser prudentes, para que las sorpresas no nos encuentren mal parados.

 

Publicado en Diario Pulso.