15 de mayo de 2018

Argentina, ¿otra vez?

La economía transandina podría estar ad-portas de una nueva recesión, y lo más probable es que el problema inflacionario se agudice. 

Escrito por:

Claudio Soto

Economista jefe Banco Santander.

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Argentina lo vuelve a pasar mal estos días. Después de una década, recurre nuevamente al Fondo Monetario Internacional para sortear una compleja situación financiera luego que una fuerte depreciación de su moneda amenazara con desatar una nueva crisis económica. Aún no son claras las condiciones que pondrá el Fondo para otorgar la línea de crédito solicitada por el gobierno argentino, pero lo que es evidente es que las autoridades trasandinas ya comienzan a pagar un costo político sustantivo. Acudir al FMI es un tema tabú en la sociedad argentina, y se asocia al sometimiento de la soberanía ante los burócratas de Washington. Por lo demás, las turbulencias financieras en el vecino país distan de calmarse –esta semana abrió con una nueva y sustantiva depreciación del peso- y están por verse sus efectos sobre la economía real, que recién comenzaba a tomar un rumbo ascendente.

Pero lo más complejo es que las condiciones subyacentes que desencadenaron la corrida contra el peso argentino siguen ahí y pueden empeorar. La inflación se mantiene estancada en torno a 25%, muy por sobre el objetivo de 15% que se trazó el Banco Central de la República Argentina (BCRA) a comienzos de año y es muy probable que la depreciación de más de 10% del peso en las últimas semanas agregue puntos adicionales al alza en los precios. Por otra parte, el elevado déficit fiscal –una de las principales causas detrás de la persistente inflación- se ha seguido ampliando y el enfoque ‘gradualista’ adoptado por Macri para contener el gasto pareciera no estar dando frutos. El recorte paulatino de los subsidios a los servicios básicos, parte esencial de la estrategia de contención del gasto, no cuenta con el respaldo político necesario, por lo que es muy difícil que siga prosperando. Si no se logra avanzar en estos recortes, será muy complejo alcanzar la nueva meta para el déficit primario este año, fijada en 2,7%.

Así las cosas, el gobierno cuenta con muy pocas herramientas para encausar la economía. Ya está claro que los esfuerzos del BCRA de contener el alza del tipo de cambio por la vía de subir los tipos de interés no surten efecto, y el apoyo que entregue el FMI solo dilatará las cosas. Algunos analistas especulan que la economía transandina podría estar ad-portas de una nueva recesión, y lo más probable es que el problema inflacionario se agudice.

Los potenciales impactos para Chile son muy acotados. Los mercados financieros han aprendido a distinguir las economías latinoamericanas y es evidente que los desequilibrios macroeconómicos de nuestros vecinos no están presentes en Chile ni en la mayor parte de las economías del continente. Por lo mismo, es descartable que se produzca algún contagio financiero.

Por otro lado, el intercambio comercial ha disminuido en los últimos años. Las importaciones representaban casi 10% hace una década y ahora solo rondan 4%. Por su parte, las exportaciones oscilan en torno a 1,5%, y los envíos industriales pasaron del 4% al 3% en pocos años. Un vínculo más indirecto está dado por la exposición de empresas chilenas con inversiones en Argentina, cuyos activos ascienden a US$ 10.000 millones aproximadamente, pero los vaivenes que puedan sufrir sus utilidades no debiesen tener un efecto relevante en el plano local.

Si bien los efectos en nuestra economía no serán relevantes, estos eventos nos permiten refrescar algunas lecciones aprendidas en el pasado. El despliegue de políticas públicas sin sustento financiero de largo plazo o que afectan los incentivos para la inversión y la innovación, la rigidez de precios claves en la economía -como es el tipo de cambio-, y el proteccionismo, incuban desequilibrios macroeconómicos que pueden pasar desapercibidos por años, pero que dejan a las economías en situación vulnerable ante pequeños choques externos. Y lo más complejo de todo, la economía política para desandar el camino y restablecer los equilibrios, en general, no acompaña. Así, las salidas son muchas veces traumáticas. Esperemos que esta vez nuestros vecinos puedan sortear el difícil momento y consoliden una senda hacia un crecimiento más estable.

Columna publicada en Diario Financiero.